Bueno, G. (2017). ¿Nos estafa Zabalgarbi?

GORKA BUENO, PROFESOR DE INGENIERÍA EN LA UPV/EHU
NAIZ, 2017/04/19

En 2017 la retribución de Zabalgarbi ha mejorado aun más. Mientras que las instalaciones renovables ponen el grito en el cielo por un nuevo recorte de 600 millones de euros, durante los próximos tres años Zabagarbi tendrá una retribución fija más baja.

Valore la lectora. Las energías renovables no levantan cabeza en el Estado. El gobierno español acaba de recortar en 600 millones de euros al año las primas a la electricidad renovable. Este recorte se suma al de 1.700 millones de 2014. Pero hay excepciones. En Euskadi una instalación es la envidia de todas: Zabalgarbi, la incineradora de residuos de Bizkaia, que en vez de ver recortadas sus primas, mejora las condiciones.

Zabalgarbi siempre ha recibido primas para fomentar la electricidad de fuentes renovables, cogeneración de alta eficiencia y residuos. Son tan importantes, que Zabalgarbi se dio de alta en el sistema (también conocido hasta 2014 como Régimen Especial) en abril de 1996, nueve años antes de que comenzara a incinerar residuos.

Cuando empezó a generar electricidad, en 2005, la CNE (responsable de liquidar el pago de las primas) identificaba a Zabalgarbi como una instalación «c1», de «Centrales que utilicen como combustible principal residuos sólidos urbanos» según el RD 436/2004, que definía «combustible principal» como aquel que supone, al menos, el 70% de la energía utilizada. Pero esta condición no se cumple en Zabalgarbi, que es una incineradora de residuos integrada a un ciclo combinado, y donde en torno al 70% de la energía que entra a la instalación es gas natural. Las liquidaciones de la CNE muestran que en Zabalgarbi se prima toda la electricidad, también la que genera a partir del gas natural, con una eficiencia muy inferior a la de otros ciclos combinados, que no reciben ninguna prima. Estas primas son fundamentales para Zabalgarbi: en 2012, por ejemplo, recibió 20 millones de euros en primas. Sin ellas, la venta de la electricidad en el mercado eléctrico no hubiera cubierto el coste del gas natural ese año (38 millones).

La situación fue más grave en 2006. Según informes en poder del Servicio de Información Ambiental del Gobierno Vasco, en noviembre de 2005 se averió la turbina de vapor del ciclo combinado, que es donde se transforma en electricidad la energía de los residuos. Como esta turbina no se repuso hasta abril de 2007, Zabalgarbi estuvo casi 17 meses generando electricidad solo en su turbina de gas natural, sin cogeneración, e incinerando residuos sin aprovechar su energía (Zabalgarbi lo llama modos D y E de funcionamiento), aunque siguió cobrando primas: en torno a 9 millones de euros. Esas primas se cobraron sin que se dieran las condiciones que dan derecho a ellas: cogeneración o valorización energética de residuos, ya que la turbina de vapor estaba parada por avería. La Diputación de Bizkaia, propietaria de un 20% de la planta, recoge en sus registros que durante esos 17 meses Zabalgarbi «valorizó energéticamente» en torno a 300 mil toneladas de residuos, algo absolutamente imposible.

Pasada la avería, Zabalgarbi siguió cobrando unas primas cada año más sustanciosas, hasta que en 2013 la coyuntura empeoró significativamente. El precio del gas natural casi triplicaba el de diez años antes, y el empuje de las renovables y la caída de la demanda tiraba por los suelos el precio de la electricidad en el mercado mayorista. Como Zabalgarbi incinera residuos de forma continua, si quiere valorizarlos tampoco puede parar el ciclo combinado, lo que obliga a malvender una electricidad generada en un 70% a partir del caro gas natural.

En esa coyuntura tan revuelta (2013), el gobierno español reformó el sistema eléctrico y las «primas a las renovables». Los parques eólicos con más de diez años quedaron sin primas y las instalaciones fotovoltaicas sufrieron un recorte brutal, en torno a 1.700 millones anuales en total. Zabalgarbi, sin embargo, mejoró sus primas. Hasta 2013 las había cobrado en función de la electricidad generada (el 70% a partir de gas natural). En 2012, 19,8 millones de euros por generar 659 GWh. Con el nuevo sistema pasó a recibir una retribución fija de 18,85 millones, casi un millón menos, pero independiente de la electricidad generada, siempre que superase un mínimo de horas anuales de funcionamiento. Esas fueron las primas de 2015, a cambio de tan solo 485 GWh y con un coste muy inferior del gas. Con el sistema anterior, hubiera recibido menos de 15 millones de euros. Una mejora sustancial, de más del 35%, en un contexto desolador para las instalaciones de verdad renovables. Por cada MWh renovable generado en 2015 (menos del 18% de toda su electricidad tuvo origen renovable ese año), Zabalgarbi ingresó una prima de 200 euros. ¡Ya quisieran muchas instalaciones de verdad renovables, que no emiten CO2 por generar electricidad, una prima tan jugosa! Porque Zabalgarbi emitió 456 kg de CO2 por cada MWh generado; bastante más, de hecho, que la mezcla del sistema eléctrico aquel año (300 kg).

Pero en 2017 la retribución de Zabalgarbi ha mejorado aun más. Mientras que las instalaciones renovables ponen el grito en el cielo por un nuevo recorte de 600 millones de euros, durante los próximos tres años Zabagarbi tendrá una retribución fija más baja (retribución a la inversión), de 13,7 millones de euros anuales, a la que se sumará una retribución variable de 17,45 euros por MWh generado (retribución a la operación). Con la generación de 2015 la retribución total ascendería a más de 22 millones anuales (menos de 19 estos últimos años); con la generación de 2012, superaría los 25 millones. Es de prever, por tanto, que Zabalgarbi genere mucha más electricidad este próximo trienio. Para ello tendrá que consumir mucho más gas natural, pero su precio, ligado al del petróleo, ha bajado sustancialmente estos últimos años, y los gastos de Zabalgarbi están dominados por el coste del gas natural que consume. Este importante detalle, bastante obvio para cualquiera que conozca la instalación, parece que ha escapado a los reguladores del ministerio, ya que la instalación tipo de Zabalgarbi (IT-01038) aparece en la Orden ministerial justo en la última posición de una serie de más de 700 «Instalaciones tipo cuyos costes de explotación no dependen esencialmente del precio de combustible» (Anexo III.A).

Sin duda, Zabalgarbi tiene que ser la envidia del sector.

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Hemendik hartuta: http://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/nos-estafa-zabalgarbi#.WPhqhUyqpv0.email

Hernández Abaitua, R. y Casado, M. (2017). No somos querubines y no tenemos un planeta de recambio

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Si preguntáramos a la gente, a todo tipo de gente (también a la que se considera de izquierda-izquierda), por cómo se imagina la sociedad de mediados del siglo XXI, la mayoría seguramente respondería que imagina una sociedad en la que, en un mundo aún más globalizado e intercomunicado, la economía saludable seguiría intrínsecamente vinculada a su crecimiento material y que el “progreso científico-técnico”, en su desarrollo imparable, sería capaz de resolver todos los problemas y de remover todos los obstáculos que ese crecimiento fuera generando. Por eso, es muy probable que esa misma gente señalara que la receta para salir de la crisis actual, así como el indicador de que la hemos dejado atrás, sería, sin duda, una nueva de etapa de crecimiento económico.
Sin embargo, ¿se preguntaría esa mayoría sobre las bases materiales en las que ese mundo tendría que apoyarse? ¿Reflexionaría sobre si es posible, e incluso conveniente, retomar la senda del crecimiento material de la economía y mantenerla en el tiempo? No parece que sea así, ya que las acciones de las élites económicas, políticas y mediáticas, así como las propuestas de una buena parte de la intelectualidad, incluidos premios Nobel, entre los que destacan ¡qué paradoja! los economistas, obvian completamente algo tan central como el hecho de que el planeta, nuestro planeta, el único que tenemos, ese en el que vivimos y del que dependemos, está cada vez mas exhausto.
A los síntomas claros de agotamiento, tales como el fin de la era de la abundancia de combustibles fósiles y de muchos de los materiales estratégicos, o la disminución de agua para el consumo, o el colapso de importantes pesquerías… se añaden

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Tanuro, D. (2017). Una amenaza de la derecha, una trampa para la izquierda

Viento SUR. 26/03/2017

Cuando Donald Trump confirma su desatado negacionismo climático, James Baker y otros siete pesos pesados del Partido Republicano estadounidense retoman por su parte, una idea lanzada por el célebre climatólogo y militante James Hansen (Universidad de Columbia): establecer un impuesto al carbono que crecería regularmente y cuyos ingresos serían íntegramente distribuidos a los ciudadanos y ciudadanas bajo la forma de dividendo idéntico para todas las personas. El interés de la población por el dividendo creciente permitiría elevar el impuesto a un nivel elevado, prueba de eficacia ecológica. Empresas y particulares serían incitados a pasarse a las energías renovables.

Ahora bien, el infierno está empedrado de buenas intenciones. Las prioridades de los autores no son ni ecológicas ni sociales. Utilizan la inquietud frente al cambio climático y el descontento frente a la austeridad para intentar levantar simultáneamente varios desafíos del capitalismo estadounidense y construir una hegemonía política reaccionaria. Su método es más sutil que el de Trump pero las convergencias son grandes, especialmente respecto al desmantelamiento de la Agencia de Protección del Medioambiental (EPA).

A corto plazo, esta propuesta de impuesto-dividendo se libra de las burradas de los climanegacionistas, que ocupan el escalafón más alto entre los republicanos. Pero la presión se va a acentuar pues el gran capital transnacional está totalmente convencido de la necesidad de profundizar la política climática neoliberal puesta en marcha con la COP21. Así que, en la lógica del “capitalismo verde”, quiere que se le ponga un precio al carbono y saber a qué atenerse respecto a su evolución para poder planificar sus inversiones. La propuesta de James Baker, Georges Schulz y sus colegas que acaban de reunirse con el vicepresidente Mike Pence, da una idea de las amenazas que se avecinan.

Las corrientes de izquierda que se comprometieron en el apoyo a la propuesta de James Hansen corren el riesgo de caer en la trampa. Una vez más, la realidad se impone: sea bajo la forma de un impuesto al carbono o de los derechos de emisión canjeables, no existe una estrategia de mercado que permita ganar la lucha contra el cambio climático provocado por el mercado: la catástrofe solo se puede conjurar enfrentándose al capitalismo y a la dinámica de acumulación.

Una sombra en la imagen de la COP21

Los negociadores de la COP21 en 2015, en París, no ocultaron su satisfacción al final de los trabajos: la cumbre del clima era un éxito. Al contrario que la de Copenhague en 2009, acababa en un acuerdo. Este incluso podía ser clasificado de ambicioso puesto que los gobiernos se comprometían a actuar para mantener el aumento de la temperatura “muy por debajo de 2ºC” “continuando los esfuerzos” para no sobrepasar el 1,5ºC de calentamiento. Nadie había imaginado semejante avance.

Sin embargo, había una sombra en esa imagen,

Ikus gehiago/ Para ver más: http://vientosur.info/spip.php?article12398#sthash.p1Ho6gG9.dpuf